Bitácoras del viaje de 1770 del Capitán Don Felipe González
Estas son las bitácoras del viaje del español Don Felipe González por órdenes del Señor Don Emanuel de Amat, virrey del Perú. Rapa Nui fue anexada a España durante esta expedición, pero fue rápidamente olvidada.
Oficial Don Francisco Antonio de Agüera y Infanzón, Piloto Mayor
Transcrito, traducido y editado por Bolton Glanvill Corney. Publicado en 1908.
Archivo fuente (.pdf): El viaje del Capitán Don Felipe González a Isla de Pascua 1770-1 p. 181 - 196
Mapa de Rapa Nui dibujado por el oficial Don Francisco en 1770.
Jueves 15. A las cinco de la mañana dimos la vela. A las siete y media avistamos tierra por la proa.
Estando en esta posición, el punto oriental de la isla demarcaba al Oeste, demora verdadera; y al calcular la distancia recorrida desde la observación del mediodía me hallé en lat. 27° 2', y esa debería ser la posición verdadera del punto oriental de la Isla de David, en cuanto a la latitud se refiere2; y respecto a la longitud, puesto que al mediodía de hoy me encontraba en 267° 2' desde Tenerife, y como habíamos navegado con muy poca desviación en el mismo meridiano, quedaba tan solo una milla de diferencia, teniendo en cuenta que estábamos a esa distancia de tierra. Por lo tanto digo que, según mis cálculos elaborados durante la travesía, el punto más oriental de la Isla de David se sitúa en 27° 2' de latitud S. y en 267° 1' de longitud desde Tenerife, demarcando así con la Isla de San Lorenzo frente al Callao O.S.O. 6° S. y E.N.E. 6° N.E., distante 625 leguas de 20 al grado; y estando a 38° al Oeste del meridiano de Copiapó, y por consiguiente a 680 leguas de distancia del continente chileno. El perfil de la isla mirando al Este se extiende unas 14 a 16 millas, y los puntos sur y norte se hallan al E.N.E. y O.S.O.2
1) La posición real es 4 ½ millas más al sur y 22 más al este.
2) Estas demoras deberían invertirse.
Pasado el punto más septentrional avistamos otra bahía que se internaba al O.N.O., la cual parecía más conveniente que la primera: braceamos en facha y el Comodoro arrió su bote, enviándolo armado a dicha bahía y haciéndonos señal para que hiciéramos lo mismo. A las cuatro y media de la tarde nuestro bote partió con Don Juan Bentuza1 Moreno, Capitán de Batallones, y el guardiamarina Don Joseph Morales, escoltados por doce soldados, un sargento y dos cabos provistos de municiones. El piloto costero de la fragata y un ayudante de piloto también embarcaron, con los instrumentos de su oficio y se dirigieron a la bahía, donde el bote del Comodoro ya estaba tomando sondeos. Permanecimos con poco velamen, dando bordadas cortas, esperando el regreso del grupo explorador, quienes al atardecer se retiraron, y nosotros a bordo nos acercamos más allá del centro de la bahía para encontrarlos. Vimos gran número de nativos en la playa. El fondeadero que hallaron está completamente desprotegido, y el fondo es de mala calidad. Pasamos la noche con poca vela, y a ratos al pairo, manteniéndonos frente a la bahía.
1) 'Juan Bentuza' es error del copista por Buenaventura.
Viernes 16. Al amanecer observé la variación de la aguja.
Comencé a sondear la bahía; el fondo no era el mejor.
1) Un estadal equivale a cuatro varas, es decir, 11 pies.
Sábado 17. El viento se mantuvo flojo del N.E. al N. Hoy gran número de nativos de ambos sexos subieron a bordo de los dos navíos; los hallamos muy francos y agradables, la mayoría trajo plátanos, raíces, gallinas, etc., y ofrecieron de buena gana los míseros retazos de ropa y otros bienes que llevaban encima, hasta quedar reducidos a un miserable taparrabos de fibra o algodón o alguna tela semejante, con una diadema o corona o penacho de plumas de gallo o algas secas. Las mujeres usan las mismas prendas y, a modo de distinguir su sexo, se cubren la cabeza con una curiosa construcción de hojas de palma [ojas] o juncos finos. Son, como los hombres, importunas para pedir; pero todas ellas ceden con la misma franqueza cuanto poseen, y las mujeres llegan al extremo de ofrecer con demostraciones insinuantes todo el homenaje que un hombre apasionado pueda desear. Ni parecen transgredir en esto, a juicio de sus hombres; pues estos incluso las ofrecen como forma de atención hacia nosotros. Como no tuvimos oportunidad de indagar sobre los métodos que observan respecto a los asuntos maritales [propagation] solo puede inferirse que las mujeres que vimos son tenidas en común entre ellos, aunque notamos que los hombres mayores y más importantes conservan cierta preferencia en el asunto, ya que estos son siempre quienes las acompañan y las ofrecen, y a quienes las mujeres rinden obediencia, y no a los hombres más jóvenes, con quienes nunca las hemos visto en compañía. De modo que se advierte un comportamiento más modesto entre los jóvenes y las mujeres jóvenes que entre los mayores.
Las jóvenes son modestas por temperamento y siempre cubren los pechos.
1) El palmo castellano equivale a 8 1/3 pulgadas.
Nunca vimos su valentía puesta a prueba, pero sospecho que son pusilánimes; no poseen armas, y aunque en algunos observamos diversas heridas en el cuerpo, que pensamos habían sido infligidas por instrumentos cortantes de hierro o acero, descubrimos que provenían de piedras, que son su único medio de defensa y ataque, y como la mayoría de estas son de filo cortante1 producen las heridas referidas.
1) Obsidiana.
Hice un arco y una flecha, debidamente encordados, a modo de experimento, y al entregárselo a uno de los que tenían cicatrices, al instante se lo puso en la cabeza como adorno, y luego se lo colgó del cuello con mucha alegría, siendo totalmente ignorante de su uso y efecto. Hicieron lo mismo con un cuchillo y con un machete, que tomaban indiferentemente por la punta o por la empuñadura.
Me parece que tienen ministros o sacerdotes para sus ídolos; porque observé que el día en que erigimos las cruces, cuando nuestros capellanes iban acompañando las santas imágenes, vestidos con sus sotanas y pelliz, cantando las letanías, numerosos nativos se adelantaron al camino y ofrecieron sus mantos, mientras las mujeres presentaban gallinas y pollos, y todos gritaban Maca Maca, tratándolos con mucha veneración hasta que hubieron pasado más allá de las rocas que obstruían el sendero que seguían.
1) 8 ½ palmos expresan 6 pies menos una pulgada.
2) 6 pies 5 pulgadas.
3) 6 pies 6 ½ pulgadas.
Domingo 18. Los nativos continuaron acudiendo a bordo en mayor número que en los días precedentes, de modo que en este día ha habido más de 400 en la fragata. Entre hombres y mujeres se congregaron en tal multitud que fue necesario despedir a algunos para dar cabida a otros, pues no podíamos contenerlos a bordo. Hoy al mediodía observé la latitud de esta bahía con el mayor cuidado, hallándola en 27 26'; y comencé este mismo día a hacer un croquis de ella, con un contorno y vistas y sondeos exactos, a fin de construir una carta lo más precisa posible, y que pudiera servir de guía y registro para el futuro; aunque debe señalarse que, a causa de ciertos impedimentos, no fue posible fijar una línea base en tierra para operaciones trigonométricas.
Lunes 19. A las 10 de la mañana nuestras lanchas aparecieron a la vista desde la parte oriental de la isla, y se destinó nuestro bote grande para dar remolque a la nuestra, pues tenía el viento en contra. El Comodoro hizo lo mismo con la suya. Nuestra lancha llegó al costado a la una de la tarde, con toda su gente, tras haber navegado enteramente alrededor de la isla; y por este medio se obtuvo el siguiente relato.
En la tarde de este día, durante un chubasco con poco viento del S.O., nuestro cable se rompió, habiéndose rozado completamente contra una roca de coral, cuyos fragmentos salieron incrustados entre los cordones de los dos extremos rotos. Pasamos la noche preparándonos para el día siguiente, en que debíamos desembarcar formalmente y tomar posesión de la isla, y erigir en ella tres cruces que habían sido preparadas para tal fin a bordo del Comodoro.
Martes 20. Amaneció con el horizonte nublado, el viento flojo del E.S.E. con rachas ocasionales; pero el Comodoro decidió llevar a efecto la expedición proyectada no obstante, y a tal fin se destacaron 250 hombres, tropas y marineros, para ir a tierra, bien armados y bajo el mando de Don Alberto Olaondo, teniente primero y capitán de infantería de marina, con otros oficiales y subalternos, e instrucciones de internarse hacia el lado occidental de la isla para reconocer los alrededores, y atraer la atención de los nativos en esa dirección mientras se erigían las tres cruces mencionadas en tres montículos que se hallan en el extremo oriental.
Esta precaución no se tomó por temor a que los nativos pudieran oponer resistencia a la ejecución [de nuestro proyecto] sino únicamente para evitar el tumulto con que proceden en todas sus operaciones, pues nos habrían estorbado tanto como para retrasarnos considerablemente. Mientras las lanchas y botes conducían a la primera sección de gente a tierra, se alistaba la segunda tanda, compuesta de un número similar, y mandada por Don Buenaventura Moreno, teniente primero y capitán de infantería de marina, con los oficiales necesarios, entre los cuales fui incluido por orden del Comodoro, con el propósito de establecer marcas y bases adecuadas para la construcción del plano más exacto y la línea de costa más fiel de esta bahía, y para fijar las posiciones de las alturas más notables de la isla.
Cuando regresaron los botes del primer grupo partimos en el mismo orden, escoltados por tropas de esta fragata, acompañando las tres cruces con banderas desplegadas y tambores batiendo. De esta manera, y en excelente orden, llegamos a una pequeña bahía que se halla al Este, y que había sido seleccionada para el desembarco por poseer la única extensión de playa conveniente en toda la rada. Desembarcamos aquí sin encontrar ningún obstáculo, y fuimos recibidos por una considerable concurrencia de nativos, quienes manifestaron mucha alegría con gran vocerío. Al formarse el grupo, junto con los que portaban armas, emprendimos la marcha, acompañados por los nativos, quienes prestaron gustosa ayuda en cargar las cruces, cantando y bailando a su manera mientras avanzaban. Recorrimos todo el contorno de la bahía con alguna dificultad, pues el terreno era áspero y escabroso, aunque llano, congregándose un gran séquito de nativos a nuestro alrededor hasta el pie de la cuesta, donde la mayor parte nos abandonó por lo penoso y prolongado del ascenso. A la una y media llegamos al lugar donde habían de erigirse las cruces, y esto se concluyó con plenos regocijos, tras la bendición y adoración de las santas imágenes, por toda la concurrencia de gente, al ver lo cual los nativos realizaron la misma ceremonia. Al plantar las cruces en sus respectivas cimas se izó el pabellón español, y puestas las tropas en posición de firmes bajo las armas, Don Joseph Bustillo, Capitán subalterno, tomó posesión de la isla de San Carlos con las ceremonias acostumbradas en nombre del Rey de España, nuestro señor y amo Don Carlos Tercero, en este día, 20 de noviembre de 1770. El procedimiento fue debidamente atestiguado con las formalidades apropiadas; y para mayor confirmación de tan serio acto, algunos de los nativos presentes firmaron o atestiguaron el documento oficial marcando en él ciertos caracteres en su propia forma de escritura. Luego vitoreamos al rey siete veces, a lo que siguió una triple descarga de mosquetería de todo el grupo, y por último nuestros navíos saludaron con 21 cañonazos. Concluida la función, y formada toda la gente en orden de marcha, regresamos al mismo lugar donde desembarcamos, y donde nuestras lanchas y botes nos esperaban. En ellos fuimos conducidos a bordo, y todos los oficiales en sucesión ofrecieron entonces sus felicitaciones y parabienes al Comodoro, quien fijó el día siguiente para la partida de la bahía, por haberse concluido felizmente su misión.
No hace falta decir que los isleños quedaron aterrados por el ruido de los disparos de cañón y mosquetería: eso debe suceder a gentes que no han usado ni visto tales inventos.
Creo que las capas o mantos de dichos isleños están hechos de las fibras de los tallos de la planta de plátano, las cuales, una vez secas, unen según convenga a su propósito1: no es tejido, sino unido mediante hebras del mismo material que enhebran en agujas de hueso del tamaño de una aguja de sastre. Hacen sedales de pesca con esta misma fibra, así como redes a la manera de nuestras redes pequeñas; pero de poca resistencia.
Tienen muy poca madera; pero si plantaran árboles no les faltaría; y creo que hasta la planta de algodón daría fruto, pues el país es muy templado: y también trigo, plantas de jardín, hortalizas, etc. Tiñen sus capas de amarillo.
El 21 al mediodía nos hicimos a la mar desde esta Isla de David: navegamos unas 70 leguas al Oeste para ver si había más tierra en esa dirección.
Subteniente Don Juan Hervé, Primer Piloto del San Lorenzo
Transcrito, traducido y editado por Bolton Glanvill Corney. Publicado en 1908.
Archivo fuente (.pdf): El viaje del Capitán Don Felipe González a Isla de Pascua 1770-1 p. 208 - 218
El 15 a las cinco de la mañana dimos toda la vela, y a las siete avistamos una isla al N.O. de nosotros, a 8 ó 10 leguas de distancia. Nos dirigimos hacia ella, y al hallarnos a unas tres leguas de su costa oriental la vimos toda escarpada y rocosa, por cuya razón al mediodía decidimos virar hacia el lado Norte para ver si hallábamos algún puerto por allí. En este momento nuestra posición fue determinada por observación en lat. 27° 15' S. y long. 264° 20', de modo que el otro punto1 debía estar en 27° 06' de lat. Sur, y por tanto a 34 10' al Oeste del meridiano del Callao, medido por el arco, o el equivalente de una cuerda de 30° 30'. A esta isla le dimos el nombre de San Carlos, siendo el del rey reinante.
Desde el 6 de noviembre 82, que fue el día en que avistamos los petreles, hasta que alcanzamos la isla de San Carlos, gobernamos al O. una distancia de 86 leguas, y los charranes fueron vistos a la misma distancia y al mismo tiempo.
1) El punto N.E. de la isla.
2) Esto puede ser un error del copista. El día en que se registraron los petreles fue el 10. Agüera los menciona el 12 como habiéndose encontrado el día anterior, en su diario. González mismo no los menciona en su bitácora.
Desde el 13 de dicho mes, cuando vimos tantas aves, y entre ellas las blancas y las primeras de estas, continuamos navegando al O. una distancia de 32 leguas; y desde que vimos los chorlitos hasta la isla navegamos 10 leguas, de modo que cuando los avistamos la isla se hallaba al N.O. de nosotros, a 13 ½ leguas de distancia, por cuya razón navegamos en ese rumbo tras haber avistado los chorlitos y la isla: estas observaciones son de interés solamente para los navegantes.
El 16 a las cinco y media de la mañana partí del costado del navío en el bote, y procedí a tomar posición donde estaba el fondeadero, para servir de marca al navío, el cual entró y fondeó en 35 ½ brazas, arena gruesa; y habiendo tendido otra ancla en 50 brazas, quedó con 28 bajo la quilla, mismo fondo. Las marcas de enfilación para esta posición son el pequeño cerro en forma de silla demarcando al S. 3° O., con el Cabo San Lorenzo al E. 1/4 S.E. 3° E. por la aguja, que en esta localidad tiene 3° de variación N.E.
Mientras servía de baliza como se ha dicho y esperaba la llegada del navío, tres de los nativos vinieron nadando, [sus cuerpos] pintados de diversos colores, manteniéndose cerca del bote, gritando constantemente, hasta que uno de ellos se acercó al fin tanto como para presentarme un trozo de ñame: le di algo de galleta y tabaco, todo lo cual aceptó. Llevaba sus provisiones en un morral primorosamente trenzado de paja fina. Cuando el navío fondeó, estos tres regresaron a tierra, pero volvieron con otro más nadando y dirigiéndose directamente al navío, a bordo del cual treparon con mucha agilidad, gritando todo el tiempo y exhibiendo mucha alegría de espíritu. Corrían libremente de proa a popa, llenos de regocijo, trepando por la jarcia como marineros. [Nuestra gente] les tocó la coxa y el pífano, y ellos comenzaron a bailar, mostrando gran placer. Se les dieron cintas, camisas, pantalones, chaquetas de marinero y pequeñas cruces de metal dorado: todo lo aceptaron con alegría; la galleta la recibieron sin comentario hasta que vieron a nuestra gente comer de ella. Les gustó mucho y entonces la pidieron, y se aplicaron libremente al consumo de cerdo salado y arroz, etc.
El dicho 16 de noviembre embarcamos a la una del día, Don Cayetano Lángara, teniente primero, Don Pedro Obregón, guardiamarina, un sargento, un cabo de infantería de marina, un artillero, algunos infantes de marina y yo mismo, en la lancha, completamente armados y equipados para el servicio, con órdenes de dar una vuelta completa a la isla en compañía de la lancha de la Rosalía, con su oficial Don Demetrio Ezeta, teniente primero, cada una equipada con un cañón giratorio en la proa. Nos pusimos a tomar sondeos, dando nombres a los puntos, bahías, etc., como se muestra en el plano de la isla. A las seis y media de la tarde nos detuvimos en una caleta que llamamos de Lángara: intentamos efectuar un desembarco pero no fue practicable pues el mar rompía con tal fuerza a lo largo de toda la costa, que era rocosa en todos los puntos; y durante el resto del día el único lugar que hallamos apto para desembarcar fue la caleta de San Juan, por tener playa de arena. No revelamos nuestra presencia allí, para no perder tiempo. Consideramos que debía tener abundante provisión de agua dulce, porque vimos allí más chacras [chacaras] que en ninguna otra parte de la isla. También encontramos el mejor fondeadero para navíos.
El 17 de dicho [mes], amaneció con el horizonte despejado y brisa moderada del Este. A las cinco de la mañana nos pusimos en marcha en ambas lanchas y navegamos hacia el Cabo de San Antonio. Media legua antes de alcanzar el cabo nos pusimos a la altura de una punta, frente a la cual había gran cantidad de rocas o peñascos que sobresalían del agua; y vimos que dos pequeñas canoas salían de entre ellas con dos hombres en cada una, dirigiéndose a la lancha de la Santa Rosalía; así que las esperamos para que se unieran a nuestro grupo. Dieron a la gente de dicha lancha plátanos, chiles, batatas y gallinas; y a cambio nuestros hombres les dieron sombreros, chamorretas, &c, y se fueron contentos con ello a la costa. Estas canoas están construidas de cinco tablas sumamente estrechas (por no haber madera gruesa en el país) de una cuarta1 de ancho; son por consiguiente tan inestables que están provistas de un balancín para evitar que vuelquen; y creo que son las únicas en toda la isla. Están ensambladas con clavijas de madera en lugar de clavos. Luego pasamos a examinar los islotes rocosos a los que dimos el nombre de 'Lángara': se hallan al S.O. 1/4 S. del cabo de San Cristóbal, el exterior a una milla de dicho promontorio, y el interior en medio. Están a unos medio cable de distancia uno del otro, y hallamos allí 26 brazas, fondo rocoso. El del medio se asemeja a un alto campanario; intentamos poner pie en él, pero lo hallamos poco accesible. Pasamos al exterior, donde logramos desembarcar, y en el cual encontramos dos grandes masas de algas, muchos pedernales negros, algunos erizos de mar y cangrejos pequeños, huevos de gaviotas y sus polluelos. Solo en estas rocas vimos gaviotas, y exceptuando las gallinas no vimos ningún otro tipo de aves en ninguno de los otros islotes, ni en la isla de San Carlos, ni pequeñas ni grandes, salvajes ni domésticas. Los isleños crían estas gallinas en pequeños corrales excavados en el suelo y techados con paja.
1) Una cuarta es un cuarto de vara, aproximadamente un 'palmo'.
Habiendo investigado estos islotes proseguimos nuestro curso por la costa, a veces a vela, otras a remo; y manteniéndose el viento contrario, a las tres de la tarde nos dirigimos hacia un tramo de costa lisa a una legua al N.E. del Cabo San Francisco. Aquí decidimos pasar la noche en una pequeña bahía que nos pareció un lugar adecuado para ello, y a la cual dimos el nombre de la Cueva, porque había una junto a la playa en este lugar con surcos de varios tintes, de los cuales los nativos nos dieron a entender por señas que obtenían los pigmentos con que se pintan. Esta bahía solo es apta para lanchas. Todos fuimos a tierra a comer nuestra comida, que llevábamos con nosotros para tal fin, y unos cien nativos vinieron a observar, ofreciéndonos frutas y gallinas. El oficial, Don Cayetano de Lángara, dio órdenes a nuestra gente de que nadie, bajo pena de severos azotes, aceptara artículo alguno de los isleños sin dar algo equivalente a cambio, o algo de mayor valor que lo recibido, pues se sabía que había disposición para intercambiar artículos; y así se puso en práctica.
1) Jeme, distancia de la punta del pulgar a la del índice.
2) Se refiere a la cúrcuma, planta común en el Pacífico.
La mañana del 18 amaneció buena, con viento del Norte: continuamos por la costa, toda ella batida por el oleaje, sondeando a nuestro paso. A las 8 la lancha de la fragata, no pudiendo avanzar contra el viento, entró en una pequeña bahía a esperar que amainara; y nosotros mismos alcanzamos la Caleta de la Campana1 a remo a las 5 de la tarde, para pasar allí la noche. Saltamos a tierra y algunos isleños vinieron a recibirnos, pero un chubasco nos hizo regresar a nuestra lancha para pasar la noche. Por el lado de esta caleta hacia el promontorio de San Felipe sobresale de la costa una roca con forma de campana, y de esta la caleta toma su nombre.
1) Caleta de la Campana.
Dimos la vela al amanecer del 19 con viento del N. y buen tiempo, hacia el promontorio de San Felipe, donde se nos unió la otra lancha, que informó no tener novedades. En este momento luchábamos contra la corriente, contra la cual no podíamos avanzar con los remos, y que corría hacia el Este. La lancha de la fragata, siendo más pequeña que la nuestra, podía avanzar mejor que nosotros, y los de a bordo viéndonos luchar contra la persistencia de la corriente, nos enviaron el bote con una tripulación fresca para relevar a nuestros hombres, que estaban agotados. Sin embargo, la corriente se hacía sentir con tal fuerza que tras remar desde las 9 de la mañana hasta las 6 de la tarde apenas habíamos recorrido una legua de distancia desde el Cabo San Felipe. A esa hora, no obstante, Dios nos favoreció con una tormenta de truenos acompañada de lluvia y un cambio de viento del N.O. al S.E., que nos llevó al costado del navío a las siete y media, terminando así nuestra expedición sin otras aventuras que las ya relatadas.
Quedamos satisfechos de que la rada en que estábamos fondeados es la mejor que ofrece toda la isla, excepto la de San Juan, a la que no nos trasladamos, pues pronto habríamos de abandonar este país, ya que solo nos restaba tomar posesión de él en nombre del Rey.
1) 'Leonda' en el MS. se refiere al Capitán Olaondo.
El 20, al amanecer, todos los marineros portando armas embarcaron en las lanchas y botes de ambos navíos, bajo Don Alberto Olaondo1, Capitán de Infantería de Marina, con su destacamento de infantes de marina y los de la fragata, que en total sumaban 250 hombres. Todos estos se dirigieron hacia el interior de la isla para reconocer el terreno. Nuestro Comandante [segundo capitán] Don José Bustillos2, fue con otro cuerpo de infantes de marina y marineros, y los dos capellanes, quienes llevaban consigo tres cruces para ser erigidas en tres cimas de colinas que, como puede verse en el Plano, existen en el punto N.E. de la isla.
2) 'Jose Gustillo' en el MS. se refiere a Josef Bustillos.
Gran número de los habitantes nativos los recibieron al desembarcar, y se ofrecieron a ayudar a nuestros oficiales en el desembarco, lo cual de hecho hicieron; y se hicieron cargo de las tres cruces, que cargaron hasta dichas colinas: los capellanes cantando letanías, y los isleños uniéndose con nuestra gente en las respuestas, ora pro nobis. En el momento de cavar el hoyo en la colina central, brotó un buen manantial de agua dulce, muy buena y abundante. Plantadas las cruces, el grupo disparó tres descargas de mosquetería, y los navíos respondieron con veintiún cañonazos cada uno al gozoso grito de Viva el Rey. Los isleños respondieron junto con nuestra gente; pronuncian con tanta facilidad que repiten cuanto se les dice igual que nosotros mismos. Lograda esta empresa, todos regresamos a bordo.
Las mujeres usaban mantos o capas: uno que las cubre de la cintura para abajo, y otro sobre los pechos. Hay otras también que solo llevan un trapo o tira de alguna raíz, que se colocan por delante como los hombres. Tienen varias chozas muy bajas y pequeñas, y algunas como la primera mencionada.
En toda la isla, pero especialmente cerca de la playa, hay ciertos enormes bloques de piedra en forma de figura humana. Tienen unos doce varas de altura, y creo que son sus ídolos. No podían soportar vernos fumar cigarros: rogaban a nuestros marineros que los apagasen y así lo hacían. Pregunté a uno de ellos la razón, y me hizo señas de que el humo subía hacia arriba; pero no sé qué significaba esto ni qué quería decir.
Creo que las capas o mantos de dichos isleños están hechos de las fibras de los tallos de la planta de plátano, las cuales, una vez secas, unen según convenga a su propósito1: no es tejido, sino unido mediante hebras del mismo material que enhebran en agujas de hueso del tamaño de una aguja de sastre. Hacen sedales de pesca con esta misma fibra, así como redes a la manera de nuestras redes pequeñas; pero de poca resistencia.
Tienen muy poca madera; pero si plantaran árboles no les faltaría; y creo que hasta la planta de algodón daría fruto, pues el país es muy templado: y también trigo, plantas de jardín, hortalizas, etc. Tiñen sus capas de amarillo.
1) El material era en realidad la corteza interior blanca de la morera de papel (Broussonettia papyrifera) y el hilo usado para unir los segmentos probablemente estaba hecho de corteza de Hibiscus tiliaceus. Bien puede disculparse a un oficial naval español por caer en este error, ya que el empleo de la fibra de Musa textilis, conocida por él como abacá y por nosotros como 'cáñamo de Manila', sin duda habría sido de su conocimiento en las Islas Filipinas; y quizá su jarcia de labor estuviera hecha de ella incluso en aquellos tiempos.
El número de los habitantes, incluyendo ambos sexos, será de unas novecientas a mil almas: y de estas muy pocas son mujeres — no creo que lleguen a setenta — y pocos niños. Son de color como un cuarterón, con cabello liso y barbas cortas, y en nada se asemejan a los indios del continente sudamericano; y si vistieran ropa como nosotros bien podrían pasar por europeos. Comen muy poco y tienen pocas necesidades: prescinden completamente de licor de cualquier clase.
El 21 al mediodía nos hicimos a la mar desde esta Isla de David: navegamos unas 70 leguas al Oeste para ver si había más tierra en esa dirección.
Desde la longitud de 263° 31' navegamos al Este hasta los 281° sin encontrar señal; procedimos a Chiloé.
